Por otro lado, el texto analiza la magnitud monumental de la producción, describiéndola como una maquinaria de entretenimiento excepcional donde el genio artístico se fusiona con un despliegue de recursos ilimitado. A través de planos largos y una mirada íntima al proceso creativo, se resalta la vigencia del talento de Jackson, cuya habilidad física y dominio escénico mantienen la tensión característica entre la simetría coreográfica y el caos original. Al mostrar las versiones de las canciones de forma íntegra y capturar la exigencia técnica del cantante, la película se consolida no solo como un registro documental del derroche y la perfección, sino como un testimonio necesario que devuelve al espectador la esencia deslumbrante de un artista cuya partida simboliza la fragilidad de lo efímero.
Por Gustavo Noriega
Publicado en El Amante Cine Nº 211, Diciembre 2009.