Peirotti además destaca la interpretación del actor fetiche del director, Toni Servillo, quien encarna a un presidente enfrentado a una crisis de conciencia entre su fe católica y las decisiones políticas sobre el indulto y la eutanasia, a la vez que lidia con un complejo vínculo paternal. Finalmente, el autor valora la obra como un drama íntimo y contemplativo que, sin abandonar el genio operístico de Sorrentino, marca un posible punto de inflexión estilístico hacia un cine menos bombástico pero profundamente humanista.
Por Miguel Peirotti
Publicado en A Sala Llena en marzo de 2026.